Rusia puede abusar de la diplomacia energética

Martes, 18. Marzo 2014
El País

Hace unos días Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia pidieron conjuntamente a Estados Unidos que acelerara al máximo sus posibles exportaciones de gas natural licuado hacia estos países. Y es que el conflicto en Crimea ha puesto otra vez al descubierto el punto débil europeo en temas de seguridad energética: Rusia.

Históricamente, Rusia ha sabido cómo gestionar a favor de sus intereses la extrema dependencia del continente europeo de su gas natural. En sus manos, la energía es un arma diplomática formidable. Es un mal que afecta en mayor o menor medida a casi todos los miembros de la Unión, y del que solo se salvan algunos países como España. Nuestra principal debilidad —la carencia de interconexiones gasísticas y eléctricas con Europa— se ha convertido en una extemporánea fortaleza durante esta crisis. Pero el hecho de que estemos aislados de los efectos adversos de un posible corte en el suministro del gas ruso, no es una buena noticia a medio y largo plazo.

El miedo europeo ante un posible problema de suministro de gas ruso no es infundado. Ya en 2006 y en 2009 cerró la llave del gas, golpeando, la última vez, la economía de 18 países europeos en pleno mes de enero. Seguramente a Putin no le temblará el pulso si tiene que hacerlo de nuevo.