"Gas no convencional en España, una oportunidad de futuro"

Sábado, 2. Noviembre 2013

Las perspectivas económicas para 2014 no parece que puedan significar un cambio importante en la política energética de un país cuya factura energética, en lo que va de año, alcanza los 54.000 millones de euros; y las actuaciones en el campo de las renovables o los esfuerzos en eficiencia tampoco parecen los más adecuados para modificar esta situación. Por tanto, previsiblemente, la dependencia energética de España seguirá estando por encima del 75 por ciento.

La necesidad de compaginarle una disminución de esta dependencia con el cumplimiento de objetivos relacionados con el cambio climático, llevan a la tesitura de apostar por un modelo basado en recursos autóctonos pero que, al mismo tiempo, represente bajas emisiones de CO2 o con un fuerte apoyo a las técnicas de captura y almacenamiento. Según los datos de World Energy Outlook 2011, España dispone de reservas de carbón para 80 años y mantiene varios proyectos, más o menos desarrollados, de captura de CO2 y algunos sobre almacenamiento, pero la drástica reducción en consumo y producción -2,5 Tep en 2011-, junto a la política nacional y europea sobre el carbón nacional, hacen pensar que diciembre de 2018 puede ser el punto final de la minería de carbón en España.

En segundo lugar, habría que plantearse el gas natural como elemento menos contaminante por unidad de energía generada que el carbón o el petróleo, pero con el inconveniente de que las concesiones de explotación nacionales de Lora, Valle del Guadalquivir y Tarragona no dejan de representar una producción testimonial, puesto que todas ellas apenas representan el 0,15 por ciento de los 32 BCM de consumo anual de España. Asociado a este recurso y como elemento necesario, la seguridad de suministro ha de ser la prioridad de todas las administraciones, y también en España, de ahí que se utilicen estructuras subterráneas para almacenamiento de gas. Actualmente, a Serralbo, Gaviota y Marismas, se añaden Yela y Castor aunque los problemas puntuales de este último han paralizado temporalmente su posibilidad de almacenamiento.

La siguiente alternativa sería estudiar las posibles reservas de gas no convencional que puedan existir en el subsuelo español. En el informe realizado por el Consejo Superior de Colegios de Ingenieros de Minas sobre las posibilidades de gas no convencional, se ha realizado una estimación de existencia de gas suficiente para cubrir las necesidades del país durante casi 40 años, considerando exclusivamente las zonas de mayor posibilidad de encontrar este tipo de yacimientos, Paleozoico de la Cuenca Cantábrica, Mesozoico de la Vasco Cantábrica, Pirineos y Cordilleras Béticas, razón que explicaría el interés prospectivo en estos últimos años con un incremento apreciable de la solicitud de permisos de exploración.

Estas expectativas de autoabastecimiento conllevarían una generación de empleo en las zonas antes citadas con el consiguiente despegue económico. Tomando como ejemplo Estados Unidos, nos encontraríamos con dos indicadores económicos importantes: el gas no convencional ha modificado radicalmente la política de abastecimiento, presentando un horizonte de autoabastecimiento a corto plazo y su precio ha pasado de ser, prácticamente equivalente al de Europa en 2007, a casi estar dividido por tres en la actualidad (4 $/Mmbtu en Estados Unidos frente a algo más de 10 en Europa). A estos claros beneficios sociales y económicos se antepone la alta contestación social que ve con preocupación la posible incidencia ambiental que la técnica del fracking puede representar.

En el foro organizado en París, el pasado mes de marzo, por la Agencia Internacional de la Energía se planteaba la “necesidad de que estas operaciones se realicen en base a un debate público abierto, transparente y basado en hechos y evidencias contrastadas para así poder afrontar las legítimas preocupaciones ambientales”. Jonathan Elkind, del departamento de Energía de EEUU, considera que un planteamiento sólido y serio de la industria, junto a una regularización responsable, sería la mejor respuesta al tema, de forma que con información se pueda cambiar la opinión hacia una mayor racionalidad. He aquí las dos bases necesarias para establecer un mecanismo de defensa de una tecnología que, por sí misma, no representa un riesgo ambiental superior al que podría implicar cualquier otro proceso industrial. Se hace necesario exigir a la industria del sector una política de buenas prácticas que aleje la incertidumbre de los riesgos asociados y, por otro lado, debe solicitarse de la administración una regulación responsable que establezca el marco normativo que garantice el respeto medioambiental necesario. Con las mejores tecnologías disponibles y un alto nivel de control, la industria del gas no convencional puede desarrollarse con un riesgo similar al de cualquier otra industria extractiva o transformadora.

España se encuentra en una encrucijada de difícil y compleja solución, puesto que a las peticiones de prohibición del fracking por parte de algunos sectores sociales, se ha unido la postura administrativa que, en este sentido, han legislado algunas comunidades autónomas y que puede crear un serio conflicto, tanto en las concesiones que operan en más de una comunidad autónoma como, en general, por las posibles demandas de ilegalidad ante la Unión Europea. Sería deseable que, en una situación como la que se está dando, se volviera la vista a Europa, donde de sus 27 miembros sólo 5 han planteado prohibiciones.

En este tema, como en todo en la vida, en la economía o en la ciencia, ha de imponerse la mesura y el mejor consejo que se les puede dar a las diferentes administraciones públicas es que su decisión final debe de contemplar todos los parámetros que puedan influir en el asunto, y que la opinión de los técnicos deberá tener, al menos, el mismo peso que cualquier otra opinión.